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¿La Generación Z se volvió aburrida? Menos boliche, menos alcohol y una forma distinta de vivir los vínculos

Menos noches de boliche, menos alcohol y encuentros que se trasladan a casas, cafés y meriendas. La Generación Z está modificando sus hábitos de diversión y también sus formas de vincularse, en un cambio atravesado por el bolsillo, la hiperconexión y una mayor preocupación por el bienestar.

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Foto: La Generación Z y sus nuevos hábitos de diversión

La Generación Z, integrada aproximadamente por quienes nacieron entre 1997 y 2012, está protagonizando un cambio de hábitos que empieza a sentirse en bares, boliches y otros espacios tradicionales de encuentro.

La imagen de los jóvenes saliendo todos los fines de semana, consumiendo alcohol y pasando largas noches fuera de casa parece estar perdiendo fuerza. Las salidas nocturnas son menos frecuentes y el gasto destinado al entretenimiento también se redujo, especialmente en un contexto económico que obliga a priorizar otros gastos.

Pero el fenómeno no tendría una única explicación.

El bolsillo también cambió la noche

En Argentina, salir a comer, ir a un bar o pagar una entrada representa hoy un gasto que muchos jóvenes restringen.

Guillermo Natali, de la Cámara de Bares y Restaurantes, señaló que frente a la pérdida de poder adquisitivo, los gastos vinculados al entretenimiento suelen ser de los primeros en recortarse.

Desde el sector de los boliches también observan una caída tanto en la asistencia como en el consumo de bebidas. Piero Giordano, empresario de Keops, en Carlos Paz, sostuvo que esa tendencia se viene registrando año tras año.

Esto se refleja en jóvenes que salen con menor frecuencia y que, cuando lo hacen, gastan menos durante toda la noche.

Del boliche a la merienda

El cambio no sería solamente económico.

La actividad física, la alimentación y el cuidado del cuerpo ganaron espacio entre muchos jóvenes, y eso también modificó la relación con el alcohol.

Según los especialistas citados en el informe, las alternativas sin alcohol comenzaron a ganar terreno, mientras que los encuentros durante el día, las meriendas, los cafés y las reuniones en casas aparecen como nuevas formas de socialización.

Andrés Hernández, investigador especializado en juventudes, plantea que no necesariamente se trata de una juventud sin interés por divertirse, sino de otras maneras de encontrarse y construir espacios propios.

Las llamadas “previas” en casas también adquirieron mayor protagonismo, mientras que las salidas nocturnas pueden reducirse a algunos fines de semana al mes o incluso desaparecer durante determinados períodos.

Las relaciones también cambiaron

La transformación alcanza además a la manera de conocer personas y establecer vínculos.

Para Hernández, las redes sociales y las plataformas digitales ya forman parte natural de la vida cotidiana de esta generación, sin una separación tan marcada entre las relaciones online y las presenciales.

Esa hiperconexión también aparece vinculada a los cambios en la vida íntima.

La licenciada Cecilia Ce señaló, a partir de estudios sobre sexualidad juvenil, que las nuevas generaciones no necesariamente tienen una vida sexual más activa que las anteriores.

Entre los factores mencionados para explicar una menor frecuencia aparecen el estrés y el trabajo, la falta de tiempo y las dificultades económicas para alcanzar la independencia.

Un estudio citado en el informe señala que el 28% de los consultados mencionó el estrés y el trabajo como uno de los principales motivos, mientras que el 27% señaló la falta de tiempo.

A esto se suma una realidad concreta: muchos jóvenes todavía viven con sus padres, lo que puede dificultar contar con espacios propios para la intimidad.

¿Una generación aburrida o una generación diferente?

La etiqueta de una juventud “aburrida” puede resultar engañosa.

Lo que muestran estos cambios es una reorganización de las formas de divertirse, gastar, relacionarse y cuidar el cuerpo.

La Generación Z creció atravesada por las redes sociales, la virtualización de los vínculos y, en Argentina, por un escenario económico que limita el presupuesto destinado al ocio.

Por eso, más que simplemente dejar de divertirse, los jóvenes parecen estar cambiando dónde, cuándo y cómo lo hacen.

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