Economía

El consumo de carne vacuna cayó a su nivel más bajo en más de dos décadas: qué eligen los argentinos

El consumo de carne vacuna volvió a retroceder y alcanzó uno de sus niveles más bajos de las últimas décadas.

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Foto: El consumo de carne vacuna cayó y crece la búsqueda de alternativas más económicas.

Según datos de la Cámara de la Industria y Comercio de Carnes y Derivados de la República Argentina (Ciccra), en julio el consumo por habitante fue de 46,3 kilos anuales, casi 5 kilos menos que un año atrás.

El cambio también se refleja en las carnicerías, donde los comerciantes advierten que las familias compran menos cantidad, buscan cortes más económicos y recurren cada vez más al pollo, el cerdo, la carne picada y el huevo.

El consumo de carne alcanzó un mínimo histórico

El último informe de Ciccra ubicó en 46,3 kilos anuales por habitante el consumo de carne vacuna en julio, tomando como referencia el promedio móvil de los últimos doce meses.

La cifra representa una caída de 4,8 kilos por persona respecto del mismo período del año anterior, equivalente a un retroceso interanual del 9,4%.

El dato adquiere mayor relevancia al compararlo con años anteriores: se trata del nivel más bajo de consumo registrado en más de dos décadas.

La situación se explica por distintos factores. Además del cambio en los hábitos de los consumidores asociado a la pérdida de poder adquisitivo, influyen la menor disponibilidad de hacienda para faena, las características del ciclo ganadero y una mayor participación de las exportaciones.

Menos carne en el mercado interno

Entre enero y julio, el mercado interno recibió alrededor de 1,2 millones de toneladas de carne vacuna equivalente res con hueso, un 12% menos que durante el mismo período del año anterior.

En paralelo, la faena bovina acumuló una caída cercana al 9,8%, mientras que las exportaciones registraron un crecimiento interanual del 8,8%.

En las carnicerías también se nota el cambio

La transformación del consumo se observa con claridad en los comercios dedicados a la venta de carne.

En carnicerías y autoservicios de Posadas, los comerciantes consultados señalaron que los clientes continúan comprando carne, pero en menores cantidades y priorizando el precio.

Amalia Benítez, de Estación de Carnes, explicó que desde su experiencia comercial observa una modificación sostenida en los hábitos de compra. Aclaró que se trata de la realidad de su propio comercio y que no puede extrapolarla al conjunto de Posadas, Misiones o el país.

Según relató, la caída del consumo comenzó hace aproximadamente dos años y se profundizó desde el año pasado. Por el momento, afirmó que no observa señales de una recuperación sostenida.

Uno de los cambios más visibles aparece en la frecuencia y cantidad de las compras: las familias concurren más veces al comercio, pero llevan menos productos en cada oportunidad para distribuir mejor el presupuesto.

Benítez definió este comportamiento como una “compra racional”, en la que el consumidor analiza qué necesita y decide dónde destinar el dinero disponible.

Cerdo, pollo y otros alimentos ganan espacio

El cambio también se refleja en los platos tradicionales. Preparaciones como el asado, el bife o las milanesas de carne vacuna dejaron de ser una presencia automática en algunas familias y comenzaron a espaciarse o ser reemplazadas por alternativas más económicas.

Entre las opciones aparecen guisos, pastas, estofados y preparaciones con cerdo o pollo.

Benítez señaló especialmente el crecimiento del consumo de cerdo y también mencionó al búfalo como una alternativa que viene ganando espacio por sus características y precio.

Según explicó, cortes como la costilla de cerdo y la paleta o pernil comenzaron a utilizarse con mayor frecuencia, incluso para ocasiones especiales.

Los cortes más caros pierden demanda

Agustín Verón, del autoservicio Los Amigos, también observó cambios importantes entre sus clientes. El comercio trabaja principalmente con un público de cercanía y cuenta con una presencia importante de estudiantes.

De acuerdo con su experiencia, las carnes de mayor valor son las que más perdieron salida, mientras que aumentó la búsqueda de opciones económicas.

Como ejemplo, recordó que anteriormente una media res podía venderse prácticamente durante una jornada, mientras que actualmente puede permanecer tres o cuatro días hasta completar su venta.

“La gente consume más milanesa de cerdo, consume más milanesa de pollo, consume otros cortes porque no le alcanza”, explicó Verón.

La carne picada aparece entre las alternativas más accesibles, junto con cortes como la aguja y las costillas de menor precio. En cambio, la pulpa y los cortes de mayor calidad tienen una demanda más limitada.

La situación también se observa entre estudiantes, algunos de los cuales llegan a los comercios con presupuestos muy acotados y compran pequeñas cantidades para resolver una comida.

Comprar menos para que alcance el presupuesto

Los comerciantes coinciden en que la carne vacuna no desapareció de la mesa, pero sí cambió la manera en que se consume.

Una compra puede consistir en carne picada en lugar de un corte de pulpa, una costilla económica en lugar de un asado de mayor valor o directamente una comida elaborada con cerdo o pollo.

El huevo también aparece como una alternativa para sostener el consumo de proteínas con un menor gasto.

Los precios mencionados en los comercios

Según los valores proporcionados por Estación de Carnes, el kilo de asado vacuno se comercializa a $13.999 para un corte congelado y $18.300 en otra presentación.

En tanto, la paleta y el pernil de cerdo se ofrecen a $5.100 el kilo, con promociones desde $4.590 por kilo llevando dos kilos.

En el caso del búfalo, la pulpa tiene un valor informado de $14.000 el kilo, mientras que cortes con hueso como aguja y paleta se ubican en torno a $9.900 el kilo.

El escenario muestra cómo la pérdida de poder adquisitivo está modificando los hábitos de compra y llevando a muchas familias a priorizar cantidad, precio y rendimiento al momento de elegir qué llevar a la mesa.

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