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Hoy se cumplen 23 años de la muerte de Rodrigo Bueno

El cantante murió el 24 de junio de 2000 al estrellarse con su camioneta en la Autopista Buenos Aires-La Plata. Rodrigo Bueno se encontraba en pleno éxito

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El potro Rodrigo en el Luna Park, donde dio 13 conciertos y marcó un record para el estadio. Foto: DYN

Rodrigo Bueno se encontraba en pleno éxito de su carrera. Corría el año 2000 y, después de haber llenado 13 estadios Luna Park haciendo delirar a más de 100 mil personas al ritmo del cuarteto cordobés, El Potro había viajado a Miami junto a su pareja de entonces, Alejandra Romero, para soplar las velitas y pedir sus deseos.

En la noche del 23 de junio, horas antes del fatal accidente, el cantante había coincidido en el restaurante El Corralón con Carlos Monti, quien recuerda aquella noche como si fuera hoy: en qué mesa estaba sentado, a quiénes saludó, qué ropa vestía, qué le dijo antes de irse. Y también, una de las conversaciones que no olvidará jamás: aquella que llevó a Fernando Olmedo -el hijo del recordado Negro Olmedo- a subirse a la camioneta del cantante, sellando su destino fatal en aquel accidente en la Autopista Buenos Aires-La Plata.

“Cuando me llamaron para contarme que había muerto no entendía de quién me hablaban. Si había estado con él hacía unas horas… ¡No podía ser Rodrigo!”. Según relata el periodista, ese viernes 23 Monti fue a comer con su esposa, Silvia, y sus suegros al popular restaurante ubicado en Anchorena y Avenida Córdoba, frecuentado por los artistas de entonces. El músico fue con su hijo Ramiro Bueno, que en ese entonces tenía tres años, y su exmujer, Patricia Pacheco, quienes también lo acompañarían a la presentación que tendría más tarde.

Cuando llegó, el cantante vio a quien era conductor del programa Rumores, en América. “Rodrigo se acercó a saludarnos a nuestra mesa con Ramiro de la mano —recuerda Monti—. Me contó que tenía un show en La Plata, que estaba cansado, pero que estaba feliz por su presente laboral. También me dijo que manejaba él, que no quería tener un chofer”. Debido a esa costumbre, Rodrigo no podía tomar un oportuno descanso antes del recital. “Me divierte, vamos cantando, escuchando música”, le explicó el ídolo al periodista sobre los viajes que hacía al mando de su camioneta.

Además de la compañía de su hijo y su exmujer, Rodrigo llegó a El Corralón con sus asistentes y su entonces representante, José Luis Gozalo, quien murió el mes pasado. Vestía una remera y una camisa negra, un sobretodo de cuero bordó, un jean claro y unas botas texanas. Venía de grabar La biblia y el calefón, el exitoso programa que conducía Jorge Guinzburg en El Trece. Georgina Barbarossa, Andrea Pietra y Nacho Goano también habían estado en el ciclo donde el cantante terminó dando su última entrevista.

Carlos Monti también se encontró con el recordado productor televisivo y representante de famosos Pepe Parada -hermano de Emilio Disi-, quien había ido a comer con Fernando Olmedo. Y fue testigo de pedido especial: Fernando le contó a Pepe que nunca había visto un recital en vivo de Rodrigo. “Pero, ¡andate con él!”, le sugirió Parada al joven actor.

Según publicó Teleshow, el Potro tenía su mesa asignada en el restaurante, debido a la frecuencia con la recurría: su lugar era en el fondo del local, cerca de un stand con una exposición de verduras frescas.

Ese viernes por la noche, en las mesas vecinas se sentaron Pepe Parada con Olmedo, y más tarde recibirían a Karina Kelinek, quien por ese entonces tenía su carrera en ascenso como modelo, y Monti con su familia.

“Cuando vi que Rodrigo aceptó ir con Fernando, llamé a la cronista de Rumores para que les hiciera una nota: me parecía muy interesante que el hijo de Olmedo fuera a compartir un show con El Potro. Y que encima, lo llevara en su camioneta”, destaca el periodista, quien por ese entonces conducía el ciclo con su colega Susana Roccasalvo.

Con los años, Rodrigo Bueno y Carlos Monti habían construido una buena relación, nacida desde lo profesional, al punto que en más de una ocasión el músico había presentando sus canciones en el programa de espectáculos. Incluso, algunas semanas antes de esa noche, el ídolo estrenó en Rumores el tema que le había dedicado a Diego Maradona: “La mano de Dios”. La interpretó en vivo, tocándola en un piano.

Los empleados del restaurante también recuerdan aquella última visita de Rodrigo: contaron que comió una presa de pollo con ensalada de zanahoria y huevo y tomó agua mineral.

Antes de irse, saludó a la distancia a Monti. “¡Mirá que está viniendo nuestra cronista para hacerte una nota!”. “Me tengo que ir. Pero en la semana voy a verlos al piso”, prometió el músico, ya sin mucho tiempo. “¡Dale! ¡Chau, Rodrigo!”. “¡Suerte, loco!”, se despidieron.

El cantante partió rumbo al boliche Escándalo, ubicado en City Bell. Lo acompañaban su hijo, su exmujer y el nuevo integrante de aquella comitiva: Fernando Olmedo. “Mirá lo que es el destino: si Fernando y Rodrigo no se hubieran encontrado ahí, la historia del hijo de Olmedo probablemente hubiese sido diferente…”, reflexiona el actual panelista de Desayuno Americano y conductor de Entrometidos.

La camioneta de Rodrigo

La tragedia

Ese viernes, el día de Monti terminó un rato después de aquella comida familiar en El Corralón. A las 6 de la mañana del sábado lo despertó un llamado en el celular. “Era el Tano Albamonte, el productor del programa -recuerda-. Quería contarme lo que había pasado. Al principio, no entendía de quién me hablaba. Primero, por la hora, y segundo, porque no alcanzaba a tomar dimensión de la noticia. ¡Y no podía ser Rodrigo! Si había estado con él hacía unas horas…”.

En las primeras horas de ese sábado 24 de junio de 2000, las versiones indicaban que Rodrigo Bueno había perdido el control de su Ford Explorer roja, en medio de una densa niebla. Más tarde, comenzaron los rumores que derivaron en un juicio oral: el empresario informático Alfredo Pesquera fue acusado de homicidio culposo. Había testigos que aseguraban que había encerrado con su propio vehículo a la camioneta que manejaba el cantante. Años después, la Justicia lo absolvería.

Fuente: Ahora

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Murió Juan Marcelo, la voz de Juan y Juan que marcó una época de la música argentina

El cantante y compositor falleció a los 82 años. Alcanzó la popularidad en los años 70 con el exitoso dúo Juan y Juan y luego desarrolló una extensa carrera solista, además de componer canciones para recordadas telenovelas argentinas.

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Foto: Juan Marcelo, el cantante que alcanzó la fama con Juan y Juan

La música argentina perdió a una de sus figuras reconocidas. Juan Marcelo murió el miércoles 28 de octubre, a los 82 años, según confirmó la Asociación Argentina de Actores y Actrices. Hasta el momento, no se informaron las causas de su fallecimiento.

El artista alcanzó una enorme popularidad durante las décadas del 60 y 70 como integrante del dúo Juan y Juan, junto a Juan Eduardo Carballo. Más adelante continuó su camino como solista y compositor, con canciones que también quedaron asociadas a algunas de las telenovelas más recordadas de la televisión nacional.

La despedida de su compañero de toda la vida

La noticia generó una profunda tristeza en Juan Eduardo Carballo, quien compartió con él años de amistad, escenarios y éxitos musicales.

A través de las redes sociales, publicó una fotografía de ambos durante su juventud y le dedicó un mensaje cargado de emoción, en el que recordó las aventuras y experiencias que atravesaron juntos.

“Sin vos nada va a ser igual. Te amaré el resto de mi vida. Más que nunca… siempre juntos”, escribió al despedir a su compañero.

También la Asociación Argentina de Actores y Actrices expresó sus condolencias y destacó que las canciones de Juan Marcelo acompañaron ficciones que forman parte de la memoria popular argentina.

El éxito de Juan y Juan en los años 70

Juan Marcelo nació en 1944 en San Martín, provincia de Buenos Aires, con el nombre de Enrique Raúl de Jesús. Desde joven mostró interés por la música y comenzó a cantar acompañado por su guitarra.

Sus primeras actuaciones lo llevaron a Mar del Plata, donde conoció a Juan Eduardo Carballo. Tiempo después volvieron a encontrarse en Buenos Aires y comenzaron a trabajar juntos en composiciones musicales.

Con el impulso del productor Ricardo Kleinman nació Juan y Juan, un dúo que alcanzó gran repercusión con canciones como “Balada para un gordo”, “Bailando en una pata”, “Un día de calor” y “Ahora que soy libre”.

Sus temas sonaron en importantes programas de televisión y compartieron espacios con figuras de la música nacional e internacional. Incluso algunas de sus canciones fueron adoptadas por las hinchadas de fútbol.

Una carrera solista ligada a las grandes telenovelas

Después de la separación del dúo, Juan Marcelo inició una etapa como solista, orientada principalmente a las baladas.

Uno de sus trabajos más recordados llegó de la mano del productor Alberto Migré, quien lo convocó para participar en la música de “Rolando Rivas, taxista”, la exitosa telenovela protagonizada por Claudio García Satur y Soledad Silveyra.

Su voz quedó asociada a la canción “Yo te quiero, nos queremos (Vivir enamorados)”, que acompañó la historia de amor de sus protagonistas.

También participó musicalmente en otras producciones televisivas, entre ellas “Mi hombre sin noche”, “Dos a quererse”, “Piel naranja” y “El infiel”. En “Amo y señor”, además de componer e interpretar una canción, tuvo una participación como actor.

Una trayectoria internacional y como productor

Su actividad artística también llegó al cine, donde participó junto a Juan Eduardo en películas como “El profesor patagónico”, protagonizada por Luis Sandrini.

Más adelante desarrolló una extensa carrera en el exterior. Vivió durante 26 años en Miami, donde se dedicó a la composición y producción musical para artistas como Isabel Pantoja, José Feliciano, Julio Iglesias y Cristian Castro.

Con el paso del tiempo retomó proyectos en la Argentina y volvió a compartir experiencias musicales con su antiguo compañero. En 2014 ambos participaron de una iniciativa vinculada a Scholas Occurrentes, impulsada por el papa Francisco.

En una entrevista realizada en 2015, Juan Marcelo había resumido su relación con la música con una frase que hoy adquiere un significado especial: “Si no hubiese llegado al éxito y a todo lo que me pasó en la vida, igual hubiera sido cantante”.

Su voz y sus canciones quedaron ligadas a una época de la música argentina y a historias televisivas que todavía permanecen en la memoria de varias generaciones.

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La música de Julián Ratti llevó las raíces inmigratorias de Santa Fe hasta Buenos Aires

El senador provincial Alcides Calvo acompañó la presentación de La Argentina de los Barcos en la Casa de Santa Fe. La propuesta artística combina música, narraciones e imágenes para recuperar la memoria de los inmigrantes y su aporte a la identidad cultural de la región.

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Foto: Julián Ratti presentó La Argentina de los Barcos en Buenos Aires

La historia de los inmigrantes que llegaron a Santa Fe y contribuyeron a construir sus comunidades tuvo un espacio en la Ciudad de Buenos Aires con la presentación de “La Argentina de los Barcos”, la obra del músico y compositor rafaelino Julián Ratti.

El encuentro se realizó en la Casa de la Provincia de Santa Fe y contó con la presencia del senador provincial por el departamento Castellanos, Alcides Calvo, quien fue recibido por el director de la institución, Hernán Rossi. También participó la licenciada Natalia Aquilino, junto a autoridades, artistas, representantes de medios de comunicación y público en general.

La propuesta artística contó con Hugo Erbetta en las narraciones y Edgar Ferrari en guitarra, en un recorrido que une canciones, imágenes y relatos para reconstruir parte de la historia y las tradiciones de las comunidades santafesinas.

Un homenaje familiar que recupera la identidad regional

La obra nació como un homenaje de Ratti a la memoria de su abuelo. Con el tiempo, esa historia personal se transformó en una propuesta que busca reflejar las experiencias de quienes llegaron desde Europa y, a través de su trabajo, sus costumbres y sus tradiciones, contribuyeron al desarrollo de los pueblos de la región.

El espectáculo pone en valor las raíces de la pampa gringa, la inmigración italiana y el aporte de otras colectividades que forman parte de la identidad cultural santafesina.

Calvo destacó la importancia de llevar la obra a Buenos Aires

Durante la presentación, Calvo señaló que la llegada de la obra a la Casa de Santa Fe permitió compartir parte de la historia provincial con el público de la capital del país.

“Llevar esta obra a la Casa de Santa Fe significa también llevar una parte de nuestra historia y de nuestra identidad”, expresó el senador, al destacar el valor de la música de Ratti para transmitir las historias, tradiciones y el trabajo de quienes encontraron en esta región su nuevo hogar.

Además, agradeció al Gobierno provincial, encabezado por el gobernador Maximiliano Pullaro, a Hernán Rossi y al equipo de la Casa de Santa Fe por facilitar la realización del encuentro cultural.

La presentación permitió proyectar en Buenos Aires una expresión artística nacida en la región, con la memoria de los inmigrantes y sus descendientes como parte central de la identidad santafesina.

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“Ya no sabe quién soy”: el dolor de Soledad Pastorutti por la salud de su padre

La cantante contó que Omar padece Alzheimer y atraviesa un deterioro avanzado. En su nuevo álbum, Vale la pena, le dedicó “Mi refugio”, una canción que no pudo grabar sin quebrarse emocionalmente.

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Foto: Soledad Pastorutti habló sobre la salud de su padre

Soledad Pastorutti compartió una de las situaciones más dolorosas que atraviesa su familia: el deterioro de la salud de su padre, Omar, quien padece Alzheimer.

“Mi viejo ya no sabe quién es, ni sabe quién soy yo”, expresó la artista durante una entrevista radial, en la que habló sobre el difícil proceso de acompañar a su papá mientras la enfermedad avanza.

La confesión llegó en el marco del lanzamiento de ** Vale la pena, el álbum con el que celebra sus 30 años de trayectoria**.

El hombre que la acompañó desde el comienzo

Omar fue mucho más que el padre de la cantante. Mecánico de oficio, fue uno de los principales impulsores de la carrera artística de Soledad y de su hermana, Natalia, desde sus primeros pasos en Arequito.

La artista recordó que él confió en su talento, la acompañó en las decisiones importantes y la ayudó a abrirse camino en la música.

“Él me puso alas y me dio la libertad de volar por donde quisiera”, resumió Soledad al recordar el apoyo que recibió de su padre.

La cantante también contó que fue un proceso largo comenzar a comprender lo que estaba ocurriendo con su salud y que el impacto emocional alcanzó a toda la familia.

La canción que no pudo grabar sin emocionarse

En su nuevo disco, Soledad incluyó “Mi refugio”, una canción dedicada especialmente a Omar.

La grabación estuvo atravesada por la emoción. Según relató, pudo registrarla una sola vez y el material que finalmente quedó fue el demo original.

Tuvo que grabar frase por frase porque le resultaba difícil continuar sin quebrarse. Incluso contó que le costó volver a escuchar la canción y que recién lo hizo cuando participó en la producción del videoclip.

Un homenaje a sus raíces

Con Vale la pena, Pastorutti repasa tres décadas de carrera y vuelve sobre los vínculos y las experiencias que marcaron su historia.

En ese recorrido, “Mi refugio” ocupa un lugar especial: es una manera de agradecerle a quien la acompañó desde el principio, en medio de una realidad familiar transformada por la enfermedad.

A través de la música, la artista encontró una forma de expresar ese amor y ese reconocimiento hacia su padre.

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